sábado, 7 de abril de 2018

¿Quieres ver lo que es de verdad un trabajo sucio?


Hace algún tiempo el canal de TV Discovery Channel dedicó varios de sus programas a una serie documental titulada: «Dirty Jobs» (Trabajos sucios). En cada capítulo se escogía un trabajo que, por lo desagradable o peculiar del mismo, pocas personas estaban dispuestas a realizar. 

El presentador ocupaba por un día el lugar de un trabajador de esos «Dirty Jobs» para demostrar ante las cámaras hasta qué punto podía ser poco apetecible una ocupación de esas características.

sábado, 17 de marzo de 2018

Como algunos buscan influenciar burlándose de los demás.


En un mundo tan exigente como el actual, donde el éxito y la influencia se miden en base a la cantidad de "likes", "retuits" o ❤ que nuestros comentarios generan en la red, hay quienes parecen pensar que para conseguir ser líder de opinión se puede recurrir a cualquier tipo de estrategia, como por ejemplo la de utilizar la burla, el desprecio o el odio hacia quien considera su enemigo.

Siempre me ha intrigado la razón por la cual a ciertas personas les encanta ridiculizar a la Iglesia Católica y por ende a los católicos. Deben tener un motivo muy importante porque lo hacen con mucha frecuencia, sobre todo en España. He tratado de entenderlo, pero no lo he conseguido. 

domingo, 21 de enero de 2018

El oasis


Muchos viven en desiertos, desiertos vacíos, desiertos  sin agua. Caminan, se arrastran, anhelan probarla.

Sus ojos cansados, sedientos y ajados; parpadean polvo, no mojan sus caras.

De pronto, tras aquella duna perdida en la nada, encuentran el verde, les sonríe el agua. 

Las palmeras les miran, animan, se agachan;
les muestran la ruta, agitan sus ramas. 

Al fin aquellos hombres, perdidos y errantes, descansan sus cuerpos, alivian sus almas.

Gozan las palmeras, se ocultan los dramas;
es tiempo de risas, 
también de esperanza. 


Y al llegar la noche, dormida ya el ansia, soñarán con bosques, cascadas y... ¡AGUA!

El testigo


Dime niño: ¿por qué lloras?, ¿qué haces solo aquí a estas horas?
Mi papá no llegó a casa, lo ando yo buscando a solas.

Pasa, no te quedes fuera; preguntaré por si estuviera.

Asustado y compungido, sigue el niño a aquel testigo; testigo de cosas feas que vislumbra entre tinieblas.

Barra sucia y maloliente llena de vasos vacíos; 
olor a ron, cerveza y muerte,
¿Qué hago aquí? dime, Dios mío.

Ojos vidriosos le miran, observan, suspiran. 
Ojos de hombres torcidos,
que luchan por mantenerse erguidos.

Avanza entre las mesas, solloza, tropieza. 
Y al llegar a aquella esquina, 
del bar tan escondida, 
una voz, ronca y sentida,
le habla y él... mira.

¿Qué haces aquí?, dime hijo mío. 
Nada papá, ¡ven conmigo!

Si hijo, vamos, mamá nos estará esperando.

De aquella silla le levanta mientras nadie mira y todos miran;
la vergüenza le acuchilla, 
su joven alma mancilla.

El peso del padre sobre el hijo descansa, 
y una vez más la pregunta:
¿Qué hice mal? ¿Por qué esto pasa?

La puerta se abre, las deudas se pagan,
y aquel hombre, testigo de tantos dramas, 
llorará en silencio, 
tal vez mañana.

Niños marcados, 
niños heridos, 
padres ausentes... 
¿tú lo has vivido?

domingo, 3 de diciembre de 2017

¡Feliz Navidad!


Un año mas se acerca la Navidad, esa fecha tan destacada en los calendarios del mundo; una fiesta grandiosa cuyo verdadero significado ha sido olvidado por muchos. 

Las ciudades se engalanan, las casas se adornan, los gerentes de los grandes centros comerciales se frotan las manos, las empresas ultiman sus estrategias de venta con el fin de engrosar sus cuentas bancarias captando al mayor número de clientes posibles; no podía ser de otra manera, el 25 de diciembre y el 6 de enero son fechas imperdibles para un buen consumista. 

Las estrategias de marketing se refinan haciéndonos creer que necesitamos consumir para ser felices, para estar a tono con el ambiente festivo que grandes expertos en ventas han creado para nosotros.

Todo se cuida hasta el último detalle, nada puede dejarse a la improvisación. Comprar, consumir, comer, beber, disfrutar, divertirse.... ese parece ser el fin último de la Navidad; de esa navidad (con minúsculas) que los comercios de medio mundo quieren vendernos.

Mientras tanto, la ciudad de Belén se prepara para celebrar de forma muy distinta el 25 de diciembre. La Basílica de la Natividad, construida sobre aquel pobre lugar donde Jesús quiso venir al mundo, acogerá a cientos de peregrinos que como cada año acudirán a esa Tierra Santa donde el mismo Dios quiso entrar a formar parte de la historia de la humanidad; de esa misma humanidad que 2000 años después parece haberle dado la espalda sustituyéndolo por una carroza tirada por renos voladores capitaneada por el  célebre y bonachón Santa Claus.

No tenemos remedio, seguimos tratando de quitar a Dios de nuestra vida. Nos molesta, nos cuestiona, nos hace sentir incomodos y preferimos apartarlo de nuestro lado, relegarlo a un segundo plano donde no estorbe demasiado, donde su mensaje de salvación eterna quede oculto tras multicolores guirnaldas, copos de nieve artificial y envoltorios de regalos que nos vaciarán por dentro... una vez más.


A pesar de todo, de esa ingratitud de la que muchos hacen gala, Jesús insiste, nos sigue llamando por nuestro nombre, nos invita a dejarnos guiar por la brillante luz de su estrella que una vez más ilumina nuestros corazones con la promesa de una Vida plena. Nos busca, se hace Niño por nosotros, se rebaja a nuestra pobre condición humana para decirnos que nos ama, como solo Dios puede amar a sus criaturas, para darnos la oportunidad de conocer la Verdad, de encauzar nuestros pasos e ir tras Él.

Todos quieren celebrar la Navidad pero pocos se paran a pensar que es lo que se celebra realmente. El espíritu navideño ha permanecido latente todos estos meses esperando que el soplo de la inocencia de un niño pueda despertarlo, sin embargo otros se empeñan en apagarlo a toda costa.

Buenos deseos y propósitos llegarán en los próximos días a nuestro whastapp y quizá también burdos chistes que nada tendrán que ver con lo que se celebra; escucharás muchas veces: "felices fiestas", "feliz año", pero tal vez escuches con menos frecuencia "Feliz Navidad" porque muchas personas habrán olvidado lo que significa. Las letras de los villancicos populares serán sustituidas por mensajes consumistas y los anuncios de TV te incitarán a comprar sin necesidad; así somos los seres humanos. 

Junto a las prisas de última hora y las ofertas imperdibles que ningún comprador compulsivo puede rechazar, en muchas partes del mundo en estas fechas también se rechaza a Jesucristo prohibiendo que se hable de Él en la vía pública, impidiendo, por ejemplo, que se instale el Belén tradicional en la puerta de Alcalá de Madrid, promocionando "carteles navideños" que rozan el mal gusto como el de la Asociación de belenistas de Sevilla (que no reproduzco aquí por respeto a ti), en definitiva diciéndole a ese Niño Dios que ha venido a salvarnos: no insistas, vivimos mejor sin ti. 

Pero... ¿Realmente vivimos mejor sin Dios?

Me conmueve mirar a María y a José junto al Niño recién nacido, a los Reyes Magos de Oriente que abandonaron sus tierras para buscar al Rey de Reyes, me conmueve la inocencia de aquellos pastores que fueron a adorar a Jesús en aquel pobre pesebre de Belén donde la humanidad se encontró con su Salvador.


Gracias Dios mío por haber nacido, por haber dado sentido a nuestras vidas, por que a pesar de todas nuestras ofensas y pecados sigues perdonándonos y acogiéndonos con tu infinita Misericordia. 

Renueva nuestros corazones, limpia en ellos todo rastro de inmundicia, haz que vivamos nuestra vida con la esperanza puesta en tus promesas, no permitas que tiremos por la borda el mayor regalo que nos has hecho: nuestra vida.

Toca los corazones de tanta gente que aún no te conoce, ilumina sus almas con la luz de tu Palabra, déjales acercarse a Ti con la humildad de un niño para que puedan experimentar en sí mismos la verdadera alegría del que se sabe amado y querido; no tengas en cuenta nuestras torpezas y muéstranos el camino entre tanta oscuridad. 

Que la luz de tu estrella haga que volvamos a mirar hacia lo alto y que no olvidemos nunca para que has nacido. Llena de guirnaldas nuestros corazones, dirige nuestra mirada al pobre, al triste y al desamparado; a esos hermanos nuestros de los que pocos se acuerdan en estas fechas. Infunde en nosotros el deseo de servir y no de ser servidos para que de esa forma comprendamos tu Evangelio y lo pongamos en práctica en nuestra vida.

¡Gracias Jesús por haber nacido y por habernos llenado de esperanza una vez más!

lunes, 16 de octubre de 2017

Mi primera bicicleta me ayudó a descubrir el valor del esfuerzo

Hace unos meses mi hermana me sugirió que pusiera por escrito una anécdota de mi niñez que me ayudó a entender uno de los aspectos más importantes de la vida: el valor del esfuerzo

Quiero compartir contigo este hecho de mi pasado, plenamente actual, esperando que sea de tu agrado como ha sido para mí volver a recordarlo. 

Va por ti, Tere.

Nunca fui un buen estudiante. Mi madre siempre tuvo que perseguirme para que hiciera las tareas, para que estudiara, para que no me abandonara y pudiera llegar a ser alguien de provecho. Puso mucho empeño en conseguirlo y yo me resistí siempre a partes iguales. Después de todo, quién era yo por aquel entonces sino un adolescente con una gran ensalada mental en mi cabeza, un adulto en proyecto que quería, que necesitaba saber cuál era su lugar en el mundo. 

No fue tarea fácil para mi madre tener que luchar contra mi tozudez y mi ausencia de norte; supuso una difícil prueba a la que tuvo que enfrentarse muchas veces en solitario, pero de la que, afortunadamente para mí, salió fortalecida y victoriosa. 

viernes, 1 de septiembre de 2017

El cortejo fúnebre y la mala educación



Hay anécdotas, como la que ahora quiero compartir contigo, que necesariamente se hacen difíciles de olvidar; aunque lo que realmente hubiera deseado hace unos días es no haberla presenciado y así poder borrarla de mi memoria. 

Sin embargo creo que poner por escrito un hecho, por muy desagradable que haya podido ser, puede ayudar a quien lo lea a pensar,  recapacitar e incluso a cambiar de actitud sobre aquello que es narrado en ese mismo texto. Con esa intención escribo estas lineas.

Una vez leí, creo que la frase la dijo la poetisa chilena Gabriela Mistral, que "La humanidad es todavía algo que hay que humanizar"; en ocasiones  siento que no puedo estar más de acuerdo.